3.11.12

El valor práctico de la meditación



En los ochenta viví varios años en Grecia, un país verdaderamente precioso. Allí conocí a un budista austriaco y de él aprendí la práctica de la meditación.

La sigo practicando hasta hoy en día, aunque con un tinte distinto. En aquel entonces estaba buscando la iluminación (la cual nunca encontré…..); las meditaciones se hacían en la posición lotus; teníamos mucha parafernalia como incienso y estatuas de Buda en el sótano donde practicábamos.

Hoy en día lo hago de una manera mucha más sencilla, sin imágenes o cosas semejantes. Simplemente apago mi celular, me siento en una silla, fijo mis ojos en un punto de la pared y observo, por 20 ó 30 minutos, mi respiración.

Estoy ahora, a la edad de 53 años, convencido de que ‘yo’ no soy mis pensamientos ni mis emociones. La pregunta sobre quién o qué soy no la quiero tratar entonces en esta entrada; pregunta que, en mi humilde opinión, está finalmente en el fondo de todas las religiones o prácticas religiosas.

Lo que yo siento, mis emociones, están directamente relacionadas con mis pensamientos; o sea: si me enfoco en la falta de dinero (el dinero realmente nunca es suficiente y, si lo tenemos, estamos ansiosos por hacer todo para no perderlo), me siento pobre. Si pienso continuamente en problemas de salud que se podrían presentar, estos pensamientos pueden llevarme a la enfermedad, ¡tan poderosos son!

Sin embargo, si pienso en mis amigos, en el cariño que les tengo, en su amistad, me siento feliz.

La técnica de meditación que yo practico no tiene el fin de controlar o influenciar mis pensamientos y, por lo tanto, mis emociones. Sirve más que nada para ‘salirse’, para ‘independizarse’ de mis pensamientos y emociones y así lograr cierta autonomía. Y este proceso te llevará con el tiempo a una relajación. No es una relajación espectacular: me puedo percatar de ella, por ejemplo, si por una razón o otra dejo de meditar.

Todos tenemos el hábito de tomarnos muy en serio. Si practicas esta clase de meditación te das cuenta que realmente no es para tanto. Enfocándome en mi respiración, imaginando que estoy exhalando lo que está pasando en este momento en mi mente, me vuelvo consciente, me doy cuenta de que soy espectador de un show tremendo —pero un show que de todos modos tiene muy poco que ver con la realidad.

Dejo de tomarme tan en serio cuando ‘veo’ que en mi mente estoy pensando en un momento en la crucifixión de Jesucristo, y en el siguiente me entran fantasías sexuales — ¡hasta es divertido!

Nuestros pensamientos y emociones son pasajeros, pero creo que todos tenemos la costumbre de confundirlas con la realidad; si la entendemos (a la realidad), o si no la entendemos, allí está, de todos modos. Creo que gran parte del sufrimiento humano está causado precisamente por no reconocer que lo que percibo como la realidad es nada más la interpretación de mi mente a ‘x’ impulsos. El hecho de que, a lo mejor, siempre tenemos las mismas creencias religiosas se debe sencillamente a que los impulsos siempre son los mismos, hecho causado por ir siempre a la misma iglesia, socializar con la misma gente, leer la misma clase de literatura, etc.

Pero hasta allí con puntos esotéricos. Te recomiendo mucho que inviertas 20 minutos al día en tu salud mental, en el alivio del estrés, en una mejor salud mental y física.

Asegúrate de que nadie te va a interrumpir, de que no entren llamadas telefónicas, de que esta apagado el estéreo —ponte cómodo en una silla, con la columna vertebral derecha, con los ojos abiertos enfocándose en un punto en la pared, sin intentar controlar tu mente… obsérvala, imagina que estás exhalando tus pensamientos. Te prometo que con el tiempo dejarás de tomar las cosas ‘tan a pecho’ y así aliviarás las tensiones y el estrés.